Un cuaderno vuelve en blanco, imposible escribir en la caótica India.
Tiempos diferentes, la cabeza da mil vueltas pero no hay posibilidad de darle forma con palabras.
Diversas formas de vernos. Les miramos, nos miran... y quién sabe cuál será la realidad acertada.
¿Admiración? ¿Curiosidad? ¿Incomprensión? Sea lo que sea, siempre hay una sonrisa.
Jaipur: La gente se apila en sus aceras cuando cae la noche. A esperar la mañana o a esperar la muerte.
Las casas de Gwalior no tienen tejado, pero sólo parece importar que exista un suelo donde poder apoyar los pies.
Vivir o sobrevivir. Imprescindible y Necesario se tambalean en mi cabeza.
CONvivencia: De animales, de personas y de olores. Todo circula en un orden caótico.
Pitidos y luces. Nadie tiene prisa, pero todo se mueve.
Paz en Udaipur y sonrisas en Jaisalmer.
Jodhpur: Ciudad de colores, de Saris que destellan en el azul gris del cielo, en las fachadas sucias de las casas.
Ganesha invoca al amor y Hanuman nos lidera.
Cuadernos de tela para atrapar recuerdos futuros.
Fotos que roban el alma de los niños y ancianos, de las mujeres que se lavan desnudas en los ríos, de los hombres sagrados que se bañan en el Ganga.
¿Y los leprosos? ¿Acaso es que ellos ya no tienen ni alma?
Y el Monzón moja mis pies y las hojas de mi cuaderno, y me asusta cuando moja mis rodillas.
Pensamientos y sentimientos que tan sólo se transmiten con miradas. Miradas profundas, miradas sin párpados, miradas llenas de calor que te hacen sentir en casa.
Días eternos en una vida en India.
Venera al Sol y a la Luna, y no pienses tanto. Tan sólo deja que la vida entre en tí y ella te enseñará que es lo que tienes que hacer. Vacía la mente y deja que tu espacio se llene de vida.