Momo tiene los ojos grandes y casi siempre va descalza.
Lleva un abrigo de mangas grandes que le recuerda que tiene que crecer.
Aunque es una niña, Momo tiene 100 años...
Tiene la mirada limpia de tortuga.
Momo no necesita mucho para que la cuiden, ya está en su casa.
Momo escucha.
Algunas cosas necesitan su tiempo, y Momo tiene tiempo de sobra.
Momo escucha y juega.
Bepo es el amigo de Momo.
Cuando cree que una respuesta es necesaria piensa sobre ella. A veces tarda dos horas en contestar, pero otras necesita todo un día.
Bepo es barrendero y le gusta su trabajo. Bepo nunca piensa en lo larga que es la calle que tiene que barrer.
Sólo piensa en el paso siguiente, en la siguiente barrida.
Los hombres grises siempre están ocupados. Los fríos hombres grises que atrapan los sonidos.
Ellos se hacen sus planes con el tiempo de los hombres. Planes trazados cuidadosamente, planes precisos.
Hombres grises, ciudades grises, vidas grises, relojes grises. Tiempo gris.
Agente XYQ384.2 de la caja de ahorros del tiempo. Es usted candidato de nuestra institución. Dispone de 2.207.520.000 segundos.
A los hombres grises les cuesta soportar el silencio, porque en el silencio les sobreviene el miedo. Porque intuyen lo que en realidad está ocurriendo con su vida.
Y así, ya no hay tiempo para los niños.
Y así, ya no hay tiempo para Momo. Porque los tiempos cambian.
Lo único que importa en la vida es llegar a ser algo.
Momo siente frió y no puede olvidar al hombre del tiempo.
Pero aprende a andar de espaldas y sigue a la sabia tortuga que le muestra el camino donde estará segura.
Y Momo se resguarda en la "Casa de ninguna parte".
Momo · Michael Ende · 1973