miércoles, septiembre 14, 2011


Me costó unos cuatro años que salieses de mi vida, más o menos.
Y me sentí orgullosa cuando me di cuenta que ya no quedabas dentro, que te habías llevado todas tus cosas.

Pero alguna vez al año te sientas sobre mis hombros para ver qué tal me va la vida, y te cuelgas de mi cuello como el monito que eras...

Y llegan las jaquecas, las migrañas, las nauseas, las visitas inesperadas al osteópata, las tardes de valium pinchado en la sala de urgencias...

Si querías que de vez en cuando te recordase...
¿Por qué no elegiste mejor llamarme cada Navidad o felicitarme por mi cumpleaños?

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