viernes, septiembre 16, 2011

Parece que vuelve a sonar la campana



Pensé que no te había echado en falta, que no te necesitaba.
Como piensas que no añoras el ruido de las olas, la sal en el pelo, la arena entre los dedos.
Como la ginebra para un ex alcohólico.
Como inhalar el humo de un cigarrillo cuando se te ha olvidado la última vez que fumaste.

Hacía 60 días. Pensaba incluso que podía ser una vida…

¿Sin vendarme las manos? ¿Sin el olor a guantes, a sudor, a linimento, a ambientador, a cuero, a vaselina?
¿Una vida sin miedo, sin nervios, sin cansancio… sin sentir que te haces grande entre las 16 cuerdas, que retas a la gravedad de una toalla manchada de sangre; sin sentir que el último aliento que te queda no es nunca el definitivo, que te quedan muchas más fuerzas?…



“Es que este no es un deporte como cualquier otro, y no todo el mundo está hecho para esto. Cuando boxeas trabajas siempre por encima de tus límites, y así he descubierto yo que cuando creo que no puedo más, en realidad soy capaz de seguir.
También he visto como el boxeo fomenta valores como la autoestima, la superación, el compañerismo… pero eso son aspectos que también promueven otros deportes, sin la crudeza de la lucha cuerpo a cuerpo.
Aún así cada lección que he aprendido, compensa cada lágrima y cada gota de sudor que he derramado en el ring, y para mí esta es la gran contradicción del boxeo: Las buenas lecciones que te enseña y la cruda realidad en la que se aprenden”
Adela Úcar
Conclusión final 21 días boxeando

Da igual las veces que lo vea… se me siguen cayendo las lágrimas cada vez que lo oigo…

¿Soy cómo los drogadictos?
Sólo la gente que me rodea, la que me quiere, sabe todo lo que esto me hace sentir…

No hay comentarios: