
De pequeña me gustaban los puzzles...
En aquellas mañanas de Agosto en las que esperaba a que mi madre llegase del trabajo, en las que ya me había cansado de jugar con los juguetes, cogía una caja enorme que había en la repisa de encima de la cama, me sentaba en el suelo, y desperdigaba sobre él todas las pequeñas piezas que lo formaban.
Me gustaban los puzzles difíciles, esos que tienen un montón de piezas parecidas.... el que yo tenía era un barquito velero, en el que prácticamente todo era azul, azul de mar, o azul de cielo....
Empezaba por las cuatro esquinas y después continuaba por los bordes, hasta completar el marco del dibujo. Una vez que había terminado con esto, siempre me paraba a pensar, sabiendo que ahora la cosa ya se complicaba.....
Siempre había una de ellas que nunca encajaba. Una que era de la misma forma, del mismo color y del mismo tono que la que tú estabas buscando, pero que cuando la intentabas encajar, nunca se acoplaba con suavidad.
Cualquier persona sabe que si la pieza no encaja a la perfección, es porque no debe de ir colocada en ese lugar y debes de buscar la adecuada...
Sin embargo, lo que se me ha quedado grabado de cuando de pequeña hacía puzzles, es que siempre que había una pieza que no acababa de encajar; yo nunca la dejaba en el montón con las demás y seguía buscando....
Yo me quedaba parada, mirando el puzzle, y mirandola a ella, su forma, su color, y el hueco que debía de rellenar... y la probaba una y otra vez esperando que en alguna de las ocasiones se deslizase como hacían las demás, convencida de que debía estar defectuosa, mal limada, o curvada, pero que obviamente no estaba equivocada con su destino...
Cualquier explicación era posible antes de que ese no fuese el lugar que debía ocupar la pieza que yo había escogido...
2 comentarios:
Espero no molestar, he llegado a tu post a través del de meridiana y me ha gustado mucho lo que has escrito. Reflexionando llego a la conclusión de que muchas veces somos esa pequeña ficha de puzzle, intentando colocarnos en lugares que realmente no nos tocan. Estoy convencido que hay una mano, llámala destino, Dios, etc, que tiene un lugar para nosotros en el gran puzzle de la vida. No crees?
no molestas en absoluto.
Si, es precisamente eso, muchas veces somos esa pieza intentando encajarse en un lugar que no le toca, y otras veces somos nosotros los que intentamos que otras personas sean nuestra pieza de puzzle, y queremos que nos completen, y nos empeñamos en que sea ese lugar....
Publicar un comentario